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Una buena circulación del aire en el establo mejora la cría al controlar la temperatura y reducir moscas, aumentando el bienestar animal. Hay dos tipos de ventilación: natural, con aberturas laterales y en el techo, y fija, que utiliza ventiladores cuando la ventilación natural no es suficiente, especialmente en verano.
Una mejor salud de las vacas lecheras aumenta la productividad de la granja. Usar ventiladores suficientes y ubicarlos adecuadamente mejora la calidad del aire y protege a los animales de picos de temperatura.
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La ventilación natural regula el microclima del establo sin sistemas mecánicos, aprovechando aberturas y flujos de calor. Se recomienda una velocidad del aire de 0,25–0,5 m/s en invierno y 4–5 m/s en verano para mantener un buen control térmico.
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Cuando las temperaturas superan los 24°C y los vientos son menores a 0,9 m/s, las vacas pueden sufrir estrés térmico, reduciendo la producción de leche y afectando su salud. En estos casos, la ventilación mecánica es imprescindible.
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