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Durante los meses de verano, las cerdas, sobre todo las que están preñadas o amamantando, pueden sufrir un angustioso calor. Mantener su comodidad es crucial, ya que las cerdas prefieren una temperatura en torno a los 22 grados centígrados, mientras que los lechones recién nacidos requieren un entorno más cálido de 35 a 37 grados centígrados.
La aplicación de estrategias proactivas garantiza su bienestar y productividad.
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El estrés por calor afecta tanto a los cerdos como a los ganaderos, perjudicando el bienestar animal y la eficiencia productiva. Al no poder sudar, los cerdos sufren pérdida de apetito y aumento de la frecuencia respiratoria, lo que impacta en la producción de leche y el crecimiento de los lechones. Para mantener la fertilidad, la salud inmunitaria y reducir la mortalidad, es clave aplicar estrategias proactivas que aseguren la productividad durante todo el año.
Junto a las señales animales de estrés por calor, las cerdas pueden tumbarse incontroladamente para refrescarse en el suelo del establo, con el riesgo de aplastamiento accidental de los lechones. Una menor producción de leche y una menor calidad de la misma pueden afectar a la salud de los lechones, pudiendo causarles diarrea. Un indicativo adicional puede ser que los cerdos jueguen más con el agua o que los animales de mayor rango se tumben bajo los bebederos para refrescarse con el agua que gotea.
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