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Su vaca acaba de parir un ternero sano. Todo parece ir bien, pero nota que la ubre está hinchada y tensa. ¿Es normal?
Esta es una situación común en muchas explotaciones lecheras. Cuando una vaca presenta estos síntomas justo después del parto, es posible que sufra un edema de ubre, también conocido como hinchazón de la ubre. Aunque esta afección no es contagiosa, puede afectar seriamente el bienestar del animal, reducir la producción de leche y aumentar el riesgo de mastitis.
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El edema de ubre es un problema de origen circulatorio, no infeccioso, ya que no lo causan virus, bacterias ni parásitos. Aparece generalmente antes o después del parto, cuando el flujo sanguíneo hacia la ubre aumenta para preparar la lactancia, lo que puede generar una acumulación excesiva de líquido y la hinchazón característica.
Los principales factores de riesgo incluyen el primer parto, el exceso de sal en la alimentación, un drenaje linfático deficiente, el sobrepeso, la falta de movimiento y la producción elevada de leche.
El edema de ubre en las vacas lecheras no se propaga, ya que se trata de una afección física. Por lo tanto, no tiene que preocuparse de que una vaca infecte a su rebaño. Sin embargo, hay factores de riesgo y ciertas prácticas que hacen que sus vacas sean más propensas a desarrollar edema de ubre.
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Hay varios síntomas que son signo de edema de ubre.
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El edema de ubre puede ser muy incómodo para sus vacas. Puede afectar a la bajada de la leche y, en el peor de los casos, provocar afecciones posteriores como la mastitis. Sin embargo, el riesgo de edema de ubre puede reducirse tomando las medidas adecuadas.
Si vigila la alimentación de sus vacas, fomenta los movimientos regulares y crea un entorno seco y confortable, ya estará un paso por delante del edema de ubre.
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