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La enfermedad de Marek es una de las principales preocupaciones en la producción avícola mundial debido a su impacto en la salud y la productividad de las aves. La enfermedad está causada por un virus herpes muy contagioso. Sin embargo, con los conocimientos y el asesoramiento adecuados, la enfermedad de Marek puede controlarse eficazmente, garantizando la salud y la productividad de sus aves.
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El virus de la enfermedad de Marek (VEM) es un herpesvirus conocido por su capacidad para inducir tumores y causar parálisis en las aves afectadas. Este virus persistente es ubicuo y muy resistente a los factores ambientales. Aunque la enfermedad suele manifestarse entre 10 y 13 semanas, también puede aparecer más tarde o incluso a una edad más temprana, como en los pollos de carne.
El virus es muy contagioso y puede propagarse por diferentes vías.
Aunque la transmisión directa sea posible, no es la única forma de propagar la enfermedad.
La enfermedad de Marek puede transmitirse a través del polvo, las plumas y la caspa, por ejemplo, ya que los animales infectados excretan los virus por esta vía. Los ácaros, las garrapatas, las pulgas o los roedores también pueden actuar como transmisores. Además, los contenedores de transporte y los materiales que se utilizan en los establos pueden ser una fuente de transmisión.
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La enfermedad de Marek se caracteriza por la parálisis de las patas, con una pata extendida hacia delante y la otra hacia atrás. Las aves con enfermedad de Marek sufren un retraso en su desarrollo y suelen morir en el plazo de una a dos semanas. Estos son los principales síntomas de la enfermedad:
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No existe un tratamiento para la enfermedad de Marek. Una vez infectada un ave, permanece infectada de por vida. Se hace hincapié en la prevención mediante la vacunación y medidas de bioseguridad, como el control estricto del acceso a la explotación, la desinfección del calzado y los vehículos, el control de vectores como aves silvestres, roedores e insectos, y el mantenimiento de un entorno limpio y desinfectado con protocolos estrictos de limpieza y desinfección. Las buenas prácticas de bioseguridad son esenciales para prevenir la propagación de la enfermedad, especialmente en zonas donde el virus es endémico.
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