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El Clostridium perfringens es una bacteria que suele encontrarse en el medio ambiente, sobre todo en el suelo y las heces. Provoca enterotoxemia, literalmente "intoxicación intestinal", que provoca la muerte súbita del animal. Posteriormente se observan síntomas hemorrágicos en el intestino y muchos otros órganos. Las infecciones también pueden provocar pérdidas importantes en la producción de leche y un descenso del peso.
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Los clostridios son bacterias anaerobias gram positivas conocidas por su capacidad para formar esporas y sobrevivir en condiciones difíciles durante periodos prolongados. El Clostridium perfringens afecta al ganado con distintas cepas. Las más problemáticas para las vacas lecheras incluyen los tipos A, B, C y D. Cada cepa produce toxinas diferentes y puede causar distintos tipos de infección, siendo los tipos C y D especialmente preocupantes por su asociación con enfermedades graves en el ganado.
La detección e intervención precoces son esenciales para el tratamiento eficaz de esta infección. Reconocer los síntomas es crucial para el diagnóstico rápido de una infección por Clostridium perfringens.
Los síntomas más frecuentes son:
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Una buena bioseguridad es la defensa más importante que tienen los ganaderos para evitar la introducción de clostridios en sus explotaciones.
Para prevenir la introducción de Clostridium perfringens es fundamental establecer protocolos de higiene claros y protocolos para los visitantes, los vehículos, los piensos y las mercancías que entran en la explotación.
Manteniéndose informado y atento, puede tomar medidas preventivas para proteger a su ganado de Clostridium perfringens.
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