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La gripe A porcina es una enfermedad respiratoria muy contagiosa que afecta tanto a la salud animal como al rendimiento productivo, provocando pérdidas económicas. Además, su potencial de transmisión a humanos la convierte en un riesgo zoonótico. Por ello, es clave que los ganaderos tomen medidas preventivas eficaces.
La gripe porcina está causada por cepas específicas del virus de la gripe A, como H1N1, H1N2 y H3N2, que atacan el sistema respiratorio de los cerdos. Estos animales son especialmente vulnerables porque sus células pueden albergar virus aviares y humanos, lo que favorece la aparición de nuevas variantes. Esta capacidad de recombinación aumenta el riesgo de mutaciones peligrosas, tanto para los cerdos como para las personas.
El virus de la gripe A se transmite fácilmente entre cerdos, principalmente por vía aérea a través de la tos o estornudos.
El contacto directo entre animales y la contaminación de ropa, calzado, equipos o manos también favorecen su propagación. Incluso las personas pueden introducir el virus sin saberlo.
Esta combinación de vías convierte al IAV en un desafío constante para el control sanitario en las granjas.
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Una protección eficaz requiere un plan de bioseguridad estricto y coherente:
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